Infraestructura de concreto armado : deterioro y opciones de preservación /
Coordinador Pedro Castro Borges
- 1 ed.
- xv, 198 p. : il. ; 28 cm.
Incluye referencias bibliográficas
Es sorprendente que apenas en los últimos 10 años, la comunidad internacional empezó a disponer de herramientas, conceptos y procedimientos para prever, calcular y cuantificar la vida útil de las estructuras de concreto. Hace muy poco tiempo el concepto de durabilidad era considerado apenas cualitativamente en los proyectos y construcciones en general. Se sabía que las estructuras metálicas y hasta las obras de albañilería tradicional y revestida con mortero eran efímeras y exigían protección y mantenimiento periódico y cuidadoso. Pero por otra parte se creía que las obras de concreto eran eternas y no requerirían de mantenimiento. Bastaba un poco de ética y honestidad profesional durante la construcción para conseguir una obra durable. El concreto, como material heterogéneo, compuesto de agregados, agua y aglomerante, es conocido en el medio especializado desde miles de años atrás siendo las obras más expresivas de su utilización las de los romanos. Entre ellas las más destacadas han sido por ejemplo la de la Vía Apia que contenía adiciones de arcilla natural de la región de Puzzuolli y que es conocida por conferir mayor durabilidad. Además de esta arcilla se agregaban en ocasiones pedazos molidos de cerámica, que por su acción puzolánica confería el mismo efecto de incrementar la durabilidad. A pesar de este conocimiento tan adelantado para su época, y que los podría catalogar como los "precursores de la durabilidad", famas calcularon la vida útil de ese concreto ni consiguieron prever que partes de ese pavimento podrían durar hasta nuestros tiempos, o sea, más de 2,000 años.